NSA PLAY - No Strings Attached
Después de iniciar una relación, de esas típicas donde cojes y nadie define si andamos saliendo o no, recuerdo que en mi sueño alguien me preguntaba, ¿Cuanto seria la edad máxima con la que andarías en una relación de pareja? y contesto: 55, inmediatamente después escucho en ese ambiente onírico y oscuro:
- ¿Estas bien amor? - Abro los ojos.
- Si.
- Estas hablando dormido...
- ¿Que dije?
- 55.
Para sentirme fenomenal por escuchar a alguien dirigirse a mi como su amor, como su bebecíto, como aquel ente que vino a cambiar parte de la existencia de alguien.
¿Podría ponerme esa etiqueta?, ¿El agente de cambio dentro de la vida de mi bebecíto?, quizá si. Y es que cuando conocí al "Chivo", sin más después de que me enviara mensaje por facebook, diciendo que le gustaría cojer conmigo, accedo, después de vislumbrar sus fotos en el chat de messenger y llegar a la conclusión de que se me antoja sexualmente.
La primera vez que lo conocí, me dio la impresión de que era un tipo muy rudo, sin embargo, después de conocerle quizá un poco más a fondo, comprendo que realmente es un tipo muy callado, o al menos eso me pareció y es que simplemente no podíamos formular una verdadera conversación.
El sexo era más que satisfactorio y era genial verlo retorcerse de placer y hacerme venir litros y litros de leche, (Que importa decir "Litros y litros de leche", si hasta en "La estatua de sal" de Salvador Novo, es común hablar de vergas.) Dormir mientras lo abrazo por la espalda y aguantar sus flatulencias, de esas que hasta dan gusto soportar, un ambiente tranquilo donde todo sucede "naturalmente", o al menos entre comillas, porque al mismo tiempo tenia la tendencia a exigirme cosas tontas.
Porque en eso puedo resumir la relación, un manojo de cosas tontas, donde el "pedía algo", e inmediatamente después yo lo retaba, con el afán de vislumbrar que sus palabras no fueran contradictorias e intentando encontrarle la coherencia a lo poco que me decía. Entre ellas:
- No me trajiste mi café.
- No me dijiste que querias uno, ¡vamos por el!
- No, ve tu.
- Anda, vamos.
- No, ve tu.
- Anda, vamos.
- Ya no quiero nada. - Levantándose intantáneamente, yendo a la cocina a prepararse uno "Como a el le gusta", no sin antes pasar de largo la cuestión de si se me antojaba alguno, ¿pero que importa este dato?, nada de hecho, pero en el fondo a mi Chivo le gusta hacer berrinches.
¿Que derecho tienen las personas de hacer berrinches?
¡Todo!, el berrinche es una excelente forma de identificar si existe una lucha de poder dentro de una relación y como no me gusta que intenten pisotearme y mucho menos en una relación, le retaba haciéndole ver su berrinche, tan paternalista que ahora me doy cuenta.
Lo comencé a tratar como a un niño, de esos a los que les puedes aplicar psicología inversa, pero mi Chivo no es ningún niño, así que no aplica.
Su casa es un lugar cerca del zócalo de la ciudad, dentro de esas antiguas vecindades que son comunes en la zona, el aspecto del edificio me recordaba a esas películas del Nuevo Cine Mexicano, como las que aparecían en "El callejón de los milagros", a pesar de ser un apartamento pequeño todo tenia su lugar, muy a pesar de la tendencia de mi bebecíto a tener todo tirado. Mientras que las paredes estaban adornadas de pinturas al oleo de artistas que según el, no conocía, de películas de arte y discos de música alternativa de algunos grupos que ya conocía, de tener un gusto peculiar por la moda, basada en las tendencias que Zara provee desde su tienda en linea, de cabello multicolor, que cada semana hacia presencia con un nuevo corte o un nuevo tono, de barba larga que le hacia ver como un barbón dominante sensual con centímetros "kilométricos" de verga, de una pancita feliz que pueden señalarse como un evidente embarazo en un cuerpo joven, delgado y panzoncito, pachoncito y abrazable, de nalguitas paraditas como las de un hombre que las ha ejercitado por años, de aquellos que tienen costumbres arraigadas y que es complicado que alguien venga a modificar, como esa mala costumbre de no hacer ejercicio o de no lavarse los dientes y tener halitosis, enfrascado en un envoltorio de cincuenta años, que yo no podría cambiar y estaba bien con eso.
Con esa mirada de ojos pequeños, que en algunas ocaciónes me observaban como si fuera un cachorrito regañado por haber destrozado el papel de baño, con esos ojitos que me observaban y vislumbraba una verdadera emoción detrás de esos iris, pupilas que me sostenían la mirada y que estaba seguro que dudaban de su verdadero sentir en un intento de identificar realmente lo que sentía.
Esos ojos que al final extraño por transparentes, por sinceros, por no aparentar nada.
Debo decir que comencé a sentir emociones padres al pensar en el, hasta que en nuestros comunes encuentros sexuales, mientras me realizaba una felación, como a el le gustaba hacerme, le digo:
- ¿Hoy si me vas a dar tu culito?
- ¡Wey!, ya te dije que no!, nunca va a pasar...
Pero anteriormente si habia pasado, me habia permitido disfrutar de el, de sentirme dentro de el, ocaciones en que sin querer le habia propinado un sangrado rectal abundante, tanto que ambos nos asustamos un poco y decidimos darle a la zona su tiempo y su espacio.
- Que no wey!, no me lo vuelvas a pedir.
- Esta bien, mamamela.
- Ya no quiero.
- ¿Ya terminaste con tu berrinche?
- No.
El momento se mermo, uno se siente tonto cuando tienes tu verga cerca de la boca de alguien más y no quiere cromarla, ¡Retirada chicos!, ¡Retirada!. Me puse a buscar mis tareas pendientes en la plataforma de la universidad, mientras descanzaba entre sus brazos, para que posteriormente se levantara y me dejara solo en la sala. Me levanto, voy a buscarlo y esta tirado en su cama, no queria estar cerca de mi, era evidente su enojo.
Regreso a la sala a seguir leyendo, hasta que escucho movimiento en la cosina, me levanto y esta lavando algunos trastes.
- ¿Ya estas mas tranquilo papi?
- No wey, lo nuestro no esta funcionando, por mas que busco no encuentro nada.
La bomba me cayó mal, regreso a la sala a terminarme de vestir y cuando el regresa, me dice lo mismo.
- No encuentro nada, ninguna queja en el sexo pero simplemente no puedo hayar nada contigo.
- ¿Que es?
- Pues nada wey, no hay nada, no se por que permiti que escalara a tanto.
- ¿Soy muy pesado?
- Si.
- No es la primera vez que me lo dicen.
Mientras que me encuentro sentado en la sala, intentando entender que estaba ocurriendo y porque de esa manera, de entender como es que alguien no puede soportar que alguien quite del camino las luchas de poder haciendo el camino mas neutro, o al menos eso es lo que yo creo, de ver como mi bebecito ha cambiado, de que ya no es ese ser depresivo que conocí, de tener más orden en su casa, de cuidar mejor sus dientes y se notaba, de bañarse mas seguido, de verlo mas a gusto con su persona, despues de que le enviara una fotografia que yo le habia tomado, donde se enjaretaba una empanada sin playera y con una barba enorme que le hacian ver como un indigente, cosa que nunca le hice saber directamente, de hecho el me lo dijo a mi, "No me gusta esa foto, parezco indigente", para que la proxima ocación se haya rasurado toda la barba y yo extrañar el efecto que produce la sensación de esas barbas de estropajo circulando por mi piel.
- No hay nada.
Tome mis cosas y me fui, satisfecho de haber disfrutado un tiempo con una persona tan linda, a pesar de que el me dijera "No soy lindo, no sabes de lo que hablas", pero para mi si, en cada cosa extraordinaria que realizas, en cada sorpresa que manejas, en cada cosa inesperada con la que sorprendes.
"Eres lindo, eres bello y eres mi bebecíto".
Recojo mis cosas, le dejo una prenda de regalo, quizá mas como despedida y agradecimiento por permitirme conocerle, aunque todo debió de haber quedado como un "No Strings Attached".
Ser sintiente, ser chocante, ser clandestino, ser perverso, ser honesto, ser profundo, ser calmante.
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